Carta de desamor o cómo hablar en público

 La clase del miércoles 12 de marzo estaba dedicada a cómo hablar en público. Y no hablar de cualquier tema desde un punto de vista aséptico, sino hablar sobre algo personal, sobre un adiós. La tarea consistía en escribir una carta para despedirnos de un amor ficticio, pero inevitablemente muchos compañeros/as se deslizaron hacia lo personal y acabaron escribiendo casos personales. Mi carta fue un lamentable intento de hilar varios versos famosos de grandes poetas que no tuvo mucha fortuna. En mi defensa he de decir que la redacté allí mismo, con la esperanza de que no diese tiempo a leerla, pero dio.
Extrañamente no me puse tan nervioso como en otras ocasiones, debido a que en realidad la carta era absolutamente inventada. La verdad es que siempre he tenido imaginación, no tengo problemas para inventarme historias. Dice el profesor que todos somos creativos y que es una cualidad que se puede ejercitar si es que alguien piensa que la tiene un poco oxidada. Además, es algo que debemos incentivar en nuestros alumnos, pues se encuentra dentro de las competencias básicas.
En mi opinión los y las adolescentes tienen más imaginación que los adultos. Hay quien dice que una de las cosas que hace la enseñanza secundaria es cercenar parte de esa creatividad, pero en mi opinión no es cierto, pues no veo más imaginación en las personas que no fueron al instituto. Símplemente como ya he dicho es una cualidad que se oxida si no se ejercita, como cualquier otra.
Otra de las frases del profesor que se han quedado en mi memoria es la de que si se tiene problemas para hablar en público quizá la profesión de docente no sea la dedicación adecuada, pero en mi opinión (y experiencia) salvo casos extremos de timidez patológica es algo que se puede entrenar y se puede mejorar hasta que se llegue a dominar. 
Yo siempre he admirado a la gente que es capaz de hablar bien en público, que sabe transmitir en el tiempo del que disponga exáctamente lo que quiere decir. A menudo he comprobado que no necesariamente es gente culta o preparada, parece más bien una especie de don. En mi caso cuando he tenido que intervenir públicamente en algún asunto se me olvida la mitad de lo que tenía que decir, y a posteriori pienso "tenía que haber dicho esto y esto..." A toro pasado he hecho grandes discursos para mí mismo. Afortunadamente como he dicho es una actividad que se puede mejorar, al fin y al cabo tampoco vamos a hablar en el congreso de los diputados. 
Si nos paramos a pensar es normal que se le tenga respeto a hablar en público, no es fácil, las circunstancias siempre son distintas y la frase dicha es como la flecha, una vez lanzada no puede volver atrás. Hace unos días la  directora de Salud Pública de Castilla y León aseguraba en una entrevista televisiva (en la que se le veía muy segura) que la pandemia de Covid-19 no había sido de gran gravedad. Fue cesada fulminantemente. Hablar en público siempre es jugártela.

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