Un soneto me manda hacer Violante

En mi vida me he visto en tal aprieto, pues debo reconocer que no asistí a la clase del 30 de abril. Pero me he dado una vuelta por los blogs de mis compañeros y creo que me hago una idea de lo que ese día se trató.

Como es normal existe una diferencia generacional entre profesores y alumnos. Esto en el siglo XIX y principios del XX no suponía ningún problema porque las sociedades avanzaban muy lentamente y la realidad de los docentes era la misma que la de los alumnos, el mundo para el que se tenían que preparar los adolescentes era el mismo que habían vivido sus padres. Pero en el segundo tercio del siglo pasado alguien pisó el acelerador y las sociedades empezaron a cambiar. Casi 100 años después nos encontramos con un serio problema en el mundo de la enseñanza, pues la realidad del profesorado difiere profundamente de la de sus alumnos. Y no me refiero solo a formas de aprender y enseñar, me refiero a la realidad vital, al mundo que nos circunda y en el que ocupamos un determinado espacio. Esto en otros sectores no pasaría de ser un problema de entendimiento entre generaciones, pero en la enseñanza es una verdadera catástrofe. Nos encontramos a día de hoy con una desconexión total entre el modelo tradicional de dar clase y la realidad del alumnado. Pretendemos dar respuesta a una situación que solo existe en nuestra cabeza. Y como la realidad no se ajusta a nosotros, prohibimos: prohibidos los móviles, prohibido el uso de IA. No hace falta ser muy listo para darse cuenta de que este no es el camino. El alumnado no encuentra sentido a lo que se le prohibe ni a lo que se le pide. No le sirve. 

Se ha dicho muchas veces en este blog, pero no está de más repetirlo: debemos analizar las necesidades de nuestros alumnos y alumnas y diseñar unos contenidos que se adapten a ellas. Unos contenidos que no deben ser el fin del aprendizaje, sino un medio para formar a futuros ciudadanos libres que no se dejen manipular, que sepan dónde buscar información veraz y cómo utilizar las herramientas que internet pone a su alcance de una manera ética y honesta. Contad si son catorce, y está hecho.

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