Con uve de vocación

Valentía, voluntad, vehemencia, visión, y estar un poco "volado", es lo que hace falta para lanzarse a ser profesor, pero no vocación. Y si se tiene, se debe esconder, pues si los demás vislumbran esa cualidad, tu contador de horas extraordinarias empezará a echar humo, y te aseguro que no se llaman así por estar extraordinariamente bien pagadas... Al final, lo único innegociable en este oficio de "desasnar" adolescentes es el trabajo bien hecho, el amor a la cultura y a la sensación de que se está transmitiendo y por lo tanto se está ayudando a futuras personas a vivir su vida y sus derechos más plenamente. Si queremos llamar a esto vocación... venga, pues la burra pa' ti.


 

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